divendres, 16 de novembre de 2007

Ya volverás

Después de casi dos semanas puede que a este blog ya no le quede ningún lector, y los que le queden deben estar esperando otra emocionante crónica irlandesa. Pero ni yo estoy ya en Irlanda ni me queda otra aventura por contar que la de como mi viaje terminó de forma abrupta y accidentada, y yo de vuelta en Mallorca y con muy pocas ganas de volver a irme de aquí.

Al día siguiente de Halloween, empezaron los síntomas. Primero un leve malestar, luego la esperada incomodidad de vivir en una nueva casa, luego los nervios en el estómago, las noches sin dormir y los días sin comer, luego la ansiedad y el bloqueo mental, y tras los tres primeros días con este estado anímico tan poco recomendable, mi salud ya había empezado a deteriorarse. Aunque la idea de comprobar hasta donde era capaz de aguantar antes de caer seriamente enfermo, solo por evitar darme por vencido, era tentadora, finalmente se impuso la más razonable de guardar las pocas fuerzas que me quedaban para un regreso humilde y honroso, ya que no heroico. Ante la disyuntiva de si volver con mi escudo o sobre él, finalmente he vuelto a casa, sin escudo, mucho antes de lo previsto, ciertamente derrotado pero no humillado, ya que no hay humillación en encontrarse con el límite de tus posibilidades. No envié a mis tropas a luchar contra los elementos, dijo Felipe II.

Además de la pérdida de mis maletas en el trayecto de Londres a Palma, el regreso no ha sido ni mucho menos un lecho de rosas. Tras el debido reposo, las cosas no han sido más fáciles en casa, aunque por razones totalmente distintas, y las aguas tardarán un tiempo en volver a su cauce. No he tenido tiempo, ni tampoco la voluntad, de pensar en el futuro. Derry es ya un recuerdo lejano, y mis planes el esbozo de una experiencia abortada antes de empezar.

Un compañero de trabajo, con muchos años en la profesión, me contó que nunca había tenido un hogar duradero al haber tenido que trasladarse toda su vida a donde le llevara su trabajo. Un sacrificio que yo no estoy dispuesto a hacer, por lo cual me siento más aliviado que decepcionado. Finalmente encontré en Irlanda algo que no estaba buscando pero que vale más que el éxito: una respuesta a mis dudas. Me alegro de haber descubierto finalmente hasta donde podía llegar, en lugar de lamentarme por haber tenido que ir hasta Irlanda para averiguarlo.

Y ahora si no os importa, me toca descansar.

dijous, 1 de novembre de 2007

Animales, y que truena?

Y hoy que es 31 de octubre, no puedo dejar de hablar de Halloween.

Halloween en Irlanda es una herencia de la tradición pagana, y aunque recuerda mucho a lo que conocemos de la celebración americana, es básicamente un gran carnaval, con sus disfraces, sus desfiles, sus fuegos artificiales, y diversión para todos los públicos: animación para los más pequeños, y cerveza para los mayores. Mucha cerveza.

Lo que pasa es que Derry tiene la fama de celebrar el mayor Halloween de Irlanda. Ya últimamente había podido ver como muchas tiendas y locales se preparaban, con productos y ofertas especiales para este día, y que un sano ambiente carnavalero empezaba a tomar calles, incuso días antes del día H. Finalmente he podido comprobar que aquí lo de Halloween es una cosa muy seria, en la que básicamente participa todo el mundo, y en la que no se escatiman medios ni imaginación a tal efecto.

Toda la ciudad, y seguramente gente procedente de los condados vecinos, estaba esta noche en la calle, a eso de las 6, con sus correspondientes disfraces, a excepción de los turistas, los padres y abuelos menos involucrados que acompañaban a sus pequeños, y por supuesto yo. Gentes de todas las edades exhibían sus mejores galas, desde los disfraces más simples (un tipo metido en una gran caja de cartón que rezaba: "I'm cheap") hasta los más elaborados. Hay que mencionar que las chicas (y en esto no es muy distinto del carnaval español) aprovechaban la excusa para perder todo el pudor que pudieran tener, y lucir palmito en los más atrevidos disfraces: bruja sexy, poli sexy, soldado sexy, superheroina sexy, y demás variaciones del tema, además del muy abundante, y variado, disfraz de puta. Todo una fantasía para fetichistas, que hoy me ha reconciliado con las chicas irlandesas, que en general me resultaban algo recatadas.

Además del inopinado desfile callejero, un desfile de carrozas y comparsas (como las del carnaval, vaya) recorría el centro, y a las 8 un impresionante castillo de fuegos artificiales explotaba sobre el río durante más de 20 minutos, hasta casi aburrir. Aunque para los mallorquines que tengan la tentación de comparar con el Aiguafoc sobre la bahía, he de decirles que este estaba a la altura, y tal y como lo vive aquí la gente, incluso mejor.

Me temo que no puedo dar cumplida cuenta de la segunda parte de esta fiesta, una vez los niños son retirados por sus padres para dejar paso a los otros niños (los adolescentes y adultos sin complejos y con sus correspondientes disfraces) que empezaban a celebrar su propio Halloween, no sin antes remojar sus gargantas en Guinness y otros brebajes no menos embriagadores. Tras despedirme de los compañeros de trabajo con los que he estado acudiendo al show, me he concedido una vuelta por el centro para empaparme del ambiente nocturno y de la fiesta. Pero, tal y como me habían advertido, Halloween no es, en absoluto, la fiesta más adecuada en la que salir a tomar algo, ya que los pubs están tomados por hordas de jóvenes sedientos con sus ropas de colores. Así que después de una semana por aquí, puedo confirmar que sigo sin entrar en un pub ni probar la cerveza. Aún.

Y esto ha sido todo por este Halloween, y por esta primera semana en Derry. A partir de mañana tendré que escribir este blog desde el curro, hasta que logre tener internet en casa, si es que me decido a hacerlo (porque luego sé lo bien que se aprovecha el tiempo). Mientras, he de aprovechar para despedirme de Bertie, que es el anfitrión de esta conexión prestada del B&B de la que estoy haciendo uso. Bertie es el bulldog de los dueños del B&B, y por como se comporta se diría que él es el dueño. No es de extrañar que la red inalámbrica se llame "Bertie's House", ni que tenga el privilegio de pasearse por donde le dé la gana, así como de importunar a los residentes para tratar de jugar con ellos.

Así que ya sabéis, más y mejor en las próximas semanas. Y como hoy ha sido Halloween, he logrado permanecer despierto hasta casi medianoche, lo cual me permitirá empezar a levantarme cuando corresponda, en vez de los horarios caóticos que he estado teniendo estos días. Y como mañana será día 1, pero aquí no es fiesta, pues tendremos que guardarlo para la próxima ocasión. Hasta entonces.

Todas las putas tienen suerte

He de decir que me desperté el lunes con el temor de Dios en el cuerpo. Solo me temía que todo el karma que había invertido en mi inesperada visita turística del domingo, me hiciera falta luego a la hora de afrontar la temida búsqueda de casa, ya que no tenía la menor de idea de lo que me iba a encontrar, y para entonces ya había pasado cuatro noches en el B&B. En caso de necesidad, la empresa habría podido extender mi estancia en el susodicho el tiempo que necesitara, pero más que el gasto, era la incertidumbre lo que me angustiaba.

A nivel de trabajo, el lunes fue un día básicamente nulo, ya que lo pasé viajando del centro al trabajo en autobus para visitar dos casas. Con la que vi por la mañana se me cayó el alma a los pies: por 80 libras a la semana, una guarida en un barrio muy cutre, no lejos del centro pero tampoco pegado, con una sola habitación, y con la peculiaridad de que de la planta inferior a la superior, se subía por una escalera compartida con el vecino, y ninguna de ambas puertas tenía llave, sino una extraña cerradura con código numérico. La estancias en sí no eran tampoco ninguna maravilla, pero supe que yo no viviría en aquel cuchitril en cuando comprobé que la ducha estaba en el dormitorio. O sea, que el plato de ducha estaba dentro del dormitorio, junto a la cama.

Me despedí amablemente de aquel caballero temiéndome lo peor: si pueden pedir 80 libras por este antro de una sola habitación, cuánto no pedirán por una residencia decente, ya no digamos con espacio para visitas.

La respuesta la tuve por la tarde, cuando me tocó volver a correr hasta el centro (correr literalmente) para visitar un apartamento muy céntrico, un segundo piso con dos habitaciones. Por 100 libras a la semana. Como se comprenderá, no terminaba de creérmelo, así que empecé a escrutar los detalles: suelo de parquet, amueblado (aunque solo lo justo), cocina reformada, calefacción económica, etc. Más tarde pregunté en la oficina y el B&B por su opinión sobre el lugar, el precio y tal, y lo vieron bastante bien. Así que acudí al día siguiente con el dinero de la fianza para asegurarme de que no se me iba de las manos. No tengo ni idea de si habría tenido oportunidad de conseguir algo más cercano al trabajo, o una casa más grande por solo algo más de dinero (había concertado una visita para una casa de 3 habitaciones por tan solo 110 libras) pero la visita de la mañana me había condicionado demasiado como para esperar.

Así que esta es, como estaba originalmente previsto, mi última noche en el B&B, después de que esta mañana haya hecho una compra rápida de ropa de cama y otras necesidades fundamentales, y mañana me mudo a lo que parece ser mi nueva residencia. Que finalmente tiene una habitación extra por si alguien se decide a visitarme algún mes de estos.

Después de toda la angustia, finalmente he batido un récord de tiempo de búsqueda de casa, y de momento sin demasiados problemas. Excepto el susto que me llevé cuando parecía que la calefacción no funcionaba, hasta que alguien me explicó como funcionan los sistemas de calefacción económica por aquí, de los cuales no había oído hablar en mi vida, y de los que ya hablaré otro día, si a alguien le interesa, porque tiene su tela.

Ahora solo vendrá la parte en la que pago el alquiler y los recibos, abro una cuenta bancaria, me doy de alta en la seguridad social, y todas esas cosas que hacen tan emocionante la vida en el extranjero. Pero si he logrado superar este primer paso, creo que podré sobrevivir a los demás. Lo bueno de vivir en permanente estado de alerta, es que la satisfacción de que algo te salga bien se multiplica exponencialmente. Pero seguiré en estado de alerta por si acaso.