dissabte, 22 de desembre de 2007

Mal te pegue rampa

La lotería, ese impuesto voluntario con el que el estado grava a los que no soy muy buenos con las matemáticas, es la noticia del día, y el anuncio a gritos de que llega la navidad. No hay donde esconderse de este ritual cuasi místico, con el que cual danza de la lluvia, los ciudadanos de a pie tratan de conjurar los malos espíritus y atraer la buena suerte. Ésta sólo sonreirá a unos pocos, mientras los demás seguirán creyendo esperanzados en que el año que viene ellos serán los afortunados, y de esta manera afrontarán la navidad con algo de la ilusión de la que ésta escasea. Y como todo el mundo conoce o ha oido hablar de alguien a quien le tocó un año, el anzuelo no puede estar mejor mejor cebado.

La posibilidad de que te toque la lotería es similar a la de que te cague un pájaro encima en la calle. La de que te toque el gordo, a la de que lo mismo suceda sin salir de casa. Y sin embargo, no pocas personas invierten a tan triste probabilidad con esperanza, mientras que desestiman la precaución de cubrirse la cabeza antes de salir a la calle todos los días.

El azar es parte de nuestras vidas, y posiblemente la primera causa de cambios en ellas. Si pensamos en todas las circunstancias que han rodeado nuestra existencia, y consideramos cuántas de ellas fueron debidas al puro azar (el lugar en el que hemos nacido y vivido, las personas a las que hemos conocido, los accidentes que hemos sufrido) nos daremos cuenta de en qué medida nuestra vida es el fruto de una sucesión de casualidades, de una infinidad de tiradas de dado cósmicas, sobre los que en ningún momento hemos ejercido poder o control alguno. Si el destino nos lleva a ser arrollados mañana por un motocarro (pongamos por caso) ninguna decisión consciente puede evitar tal evento. Si una posibilidad en la que hemos invertido nuestras ilusiones tiene que salir mal, desesperar sirve para lo mismo que lamentarse de que no nos haya tocado la lotería.

En este día de ambiente festivo, niños chillones, turrones y reencuentros, me he acordado de que hoy habría sido el día en que habría vuelto de Irlanda por navidad. Más suerte la próxima vez. Y feliz navidad.

divendres, 14 de desembre de 2007

Que si bulto o agujero

La semana pasada me asaltó un recuerdo de Derry. A pesar de ser una ciudad que apenas sabía situar en el mapa hace tres meses, la semana pasada salió en las noticias, afortunadamente por una razón muy distinta a la que se la hecho tristemente famosa durante treinta años: en Derry se ha batido el extraño de récord de número de personas disfrazadas de Papá Noel, nada menos que 13,000. Ha sido bonito recordar en esas imágenes la ciudad en la que planeé vivir durante una breve temporada, y que a la vez es ahora un recuerdo tan lejano.

Pero bueno, Derry quedó atrás y fue bonito mientras duró, o por lo menos así me gusta recordarlo, no sin cierto esfuerzo por filtrar los momentos (muy) malos. Pero para tranquilizar a las personas que todavía lean este blog (que estoy comprobando que son muy poquitas, qué bonita es la amistad), ni me tuvieron que sacar de Irlanda en helicóptero, ni vivo en una celda acolchada (aunque ahora que vuelvo a ser un refugiado tampoco me sobra el espacio, para qué engañarnos) ni desde luego paso el día encerrado temiendo a la gente y la luz del sol. Lo que si que es verdad es que no estoy como para ir de fiesta y evito cualquier esfuerzo por hacer nada que no me apetezca. Vaya, que tanto daría que me hubiera quedado en Derry, porque no me voy a dejar ver mucho en una temporada, incluyendo (especialmente) durante las navidades.

En lugar de eso, he desempolvado mis lápices y plumillas y recuperado los proyectos de cómic que había estado dejando aparcados en favor de otros esfuerzos inútiles, como trabajar. Como ahora no tengo ninguna excusa para dejar de (en palabras inmortales de Groo the Wanderer) hacer lo que mejor sé hacer, paso la mayor parte del día entre mi ordenador y mi mesa de dibujo, garabateando cómics. Si no he estado escribiendo en este blog es porque he estado escribiendo en el LiveJournal de Huérfanos, que es donde hablo de cómics cuando me canso de dibujar, y de cualquier otra cosa cuando me canso de hablar de cómics. Si a alguien le interesa, ya sabe donde mantenerse informado.

En definitiva, que a su manera extraña e imprevisible, el destino ha querido que consiguiera exactamente lo que pretendía: cambiar de casa, dejar el trabajo para dedicarme a uno mejor, y darme un tiempo alejado del mundanal ruido. Claro que si se me hubiera ocurrido antes habría podido hacerlo sin tantos dolores de cabeza y desde luego mis ingresos actuales son menos competitivos, pero si ese el precio a pagar por un poco de paz de espíritu, todavía me parece barato, que algunas personas se mueren sin haberla encontrado nunca.