dilluns, 28 de juliol de 2008

Puedes pensar, que volveré

Último post desde Barcelona, donde voy a darme el último paseo, tomar los últimos trenes, hacer las últimas compras, para finalmente tomar mañana el ultimo avión - por lo menos de momento. En estas semanas he tenido tiempo de hacer turismo, conocer gente, asistir a un concierto, leer, ver pelis, y hasta de conseguirme un trabajo. No está mal para unas vacaciones, y lo que es mejor, me voy de aquí con mi futuro inmediato arreglado, sabiendo que ya no tendré que preocuparme de encontrar trabajo y casa. Solo me queda hacer las maletas, conseguirme un pasaje para embarcar mi coche dentro de un mes, y tirarme el agosto en Mallorca tomando el sol y saliendo de fiesta. Y al contrario que los turistas, sin tener que pagar un euro por ello. Cómo molo!

(aunque mi primo, el socorrista de playa de Menorca, sigue molando más)

Y como esta vez lo vuelva a estropear alguien (como ésta, o esta otra), mataré a quien haga falta. Pero eso será a partir del próximo 1 de septiembre. Mientras tanto, permaneced atentos para novedades.

dimarts, 22 de juliol de 2008

Estira que viene pez

En directo desde Barcelona, 20 días después de salir de Mallorca, y por tanto a punto de establecer una nueva marca personal (lo sé, soy un pringao). Como la verdad es que estas vacaciones se me están haciendo cortas, no podría decir que me esté agobiando de estar aquí, antes al contrario. La verdad es que me traje mi portátil cargado de cine, series y lectura y apenas he podido tocar nada - de hecho, algunas de las cosas que me he traido para ver o leer llevan en cola desde Irlanda, lo que me hace pensar que solo con que me hubiera propuesto quedarme allí hasta que hubiera consumido todas las frikadas de las que iba equipado las cosas habrían podido suceder de otra manera. En fin, lo tendré en cuenta para la próxima vez.

Hablando de lo cual, una de las primeras cosas que hice en Barcelona aparte de mi siesta ritual en el Parc de la Ciutadella (un rincón que a mí personalmente me resulta muy relajante) fue acudir a una entrevista de trabajo a la que me presenté, como ya viene siendo habitual en mí, con la total despreocupación de quien no tiene nada que perder, incluyendo el hecho de que por circunstancias iba de turista, con gorra, bermudas, zapatillas, y por supuesto sin afeitar. Vale que tratándose de trabajar videojuegos la presencia no es el más valorado de los factores (en cierta ocasión, un lead programmer con el que me entrevisté me recibió descalzo - ahí queda), pero tal vez forcé un poco la situación. Pero quién sabe, cosas más extrañas han pasado.

Una vez superado el trámite de la entrevista, el viaje ya se ha justificado por asistir el domingo en el Pueblo Español al concierto de Loreena McKennit, una voz privilegiada donde las haya, y en el que además de disfrutar como hacía mucho tiempo, pude corregir la ironía de no tener un solo CD original suyo a pesar de ser una de mis artistas favoritas. Por si acaso alguien no la conoce, os dejo con una de sus mejores canciones en directo.


dimarts, 15 de juliol de 2008

Que lo eres, de mezquino

Parece que apenas fue ayer cuando llegué a Menorca y resulta que mañana ya me voy. Debe ser que he estado muy ocupado o muy a gusto porque en el mismo lapso de tiempo, en Irlanda ya andaba sufriendo de ansiedad. No creo que sea muy representativo, pero en todo caso volver a casa es lo último que está en mi cabeza. De momento, pasaré mi último y relajante día en la playa, y mañana pongo rumbo a Barcelona donde me espera el siguiente monstruo de final de fase (ups, deformación profesional).

Para los que no conozcan Menorca, uno de los hechos más llamativos del carácter menorquín (además de su acento) es la rivalidad entre Maó (actual capital) y Ciutadella (que lo fue en tiempos), a la que voy a aportar mi granito de arena: después de haber recorrido ambas con cierto detenimiento, Ciutadella me parece uno de los rincones más visitables de este lado del mediterráneo. Ayer me la recorrí entera mapa en mano y aunque el día nublado y la música de Camela a tope en el autobús no hacían presagiar nada bueno, me dejé contagiar del encanto de sus casas tradicionales, sus estrechos callejones y sus fragmentos de historia expuestos al visitante (y los chaletazos junto al puerto son impresionantes, también).



(Aquí el puerto de Ciutadella - no he conseguido descargar mis fotos de mi maldito móvil nuevo, así que esto es lo mejor que puedo mostrar)

En una nota relacionada, y aunque no he tenido ocasión de comprobarlo, me apuntan que en el puerto de Ciutadella están los mejores locales de la isla (y en el de Maó los mejores restaurantes) por lo cual la muchachada de Maó salé de marcha por Ciutadella y en caso de encontronazo, las viejas disputas tribales se resuelven por medios prehistóricos.

Y hasta aquí mi crónica de Menorca, que aún tengo mucho estrés que combatir :) Aunque debería mencionar que pese a mis expectativas de antes de venir, no me he encontrado con "La Alegría de los Globos" por más que no he dejado de otear el horizonte. Pero bueno, aún me quedan otras dos semanas de parrandeo, y planeo aprovecharlas bien.

(NOTA: en lugar de las habituales procacidades extraidas del refranero mallorquín, y aprovechando mi último día en tierras menorquinas, mi título de hoy va por la gente de aquí)

dilluns, 7 de juliol de 2008

Mal lluevan cabezas de santo

Llegué a Menorca hace cinco días y desde entonces ha estado haciendo un tiempo espléndido, algo así como el mismo sol pegajoso de Mallorca pero sin montañas para aliviar un poco la humedad. Aunque mi propósito original era dedicar un par de horas al día a hacer algo productivo, al final esta apoteosis de mi inopinado año sabático va a terminar siendo tan poco práctica como los meses previos, sobre todo porque con este calor pocas cosas le apetecen hacer a uno aparte de tostarse al sol, leer cómics y tragarse todas las series de televisión del disco duro de mi primo. Que bien pensado, tampoco es tan mal plan, que para eso lo llaman vacaciones.

(Para que no digan que nunca pongo fotos, aquí la playa de Punta Prima donde suelo pasar las tardes)

(y aquí la de Binibèquer, donde estuve este fin de semana)

Pero hoy es un poco distinto porque como mandan las estadísticas ha amanecido nublado, aunque no por ello hace menos calor ni éste es menos pegajoso. Esto puede ser chungo para casi todo el mundo excepto para alguien que trabaje como socorrista (digamos, mi primo). Ya me gustaría a mí trabajar en la playa, relajado, y atendiendo la ocasional picadura de medusa. Y todo por un sueldo bastante decente teniendo en cuenta lo que he ganado yo durante años, con carrera universitaria y todo. Alguien más odia a mi primo?

Trabajar tiene todos los visos de ser, en efecto, un castigo divino. Y aún así yo no creo que fuera capaz de tener un trabajo que requiera tan poca actividad mental, y si me pasara ocho horas al día observando a los bañistas desde una torre de vigilancia terminaría haciendo tiro al blanco con ellos con un rifle, o me estallaría el cerebro. Por supuesto que mi trabajo (tanto el nominal que hago medio bien, como el que hago por vocación, aunque mal; ahí dejo la duda) resulta más creativo, aunque lleno de miserias (a las que algún día dedicaré una serie de posts - preferiblemente cuando esté lo suficientemente lejos de mis ex-compañeros para que no puedan venir a por mí). Hay trabajos más extraños, desde los ya célebres de sexador de pollos o probador de norias hasta los no poco extravagantes, como de recogedor de ropa de stripper (un trabajo real que la gente solía dejar cuando por una emergencia tenían que sustituir a la estrella titular del espectáculo).

Por supuesto todo esto viene a que tengo una entrevista de trabajo en dos semanas y estoy tratando de preparar un portafolio con el que demostrar mis aptitudes. Y todo el proceso me parece tan tedioso que no dejo de preguntarme si no habría algo con lo que ganarme la vida con menos complicaciones. Como paseador de perros. O asesino a sueldo. Seguro que he contado alguna vez que quería dedicarme a programar videojuegos desde que tenía trece años. Veinte años más tarde, me acuerdo de aquella advertencia del pozo del deseos: "Ten cuidado con lo que deseas, que podría hacerse realidad."